martes 29 de abril de 2008

Teléfonos móviles y claustrofobia.

Imagináos la escena: es un viernes por la tarde, te queda todavía un rato para salir del trabajo y te bajas a la calle a echar un pitillito. Te lo fumas tranquilamente y coges el ascensor para subir a tu oficina, que está en el piso 39, dispuesto a hacer unas llamadas para luego irte ya a casa.

De repente, el ascensor se para entre dos pisos. "Vaya -piensas- ¿qué demonio estará pasando?". Pulsas la alarma. Silencio. Vuelves a pulsarla. Más silencio. Y otra vez más. Y más silencio.

"Qué hora es? -miras el reloj- Diosss, las diez de la noche, ¿no habrán sido capaces de irse todos y de dejarme aquí tirado?"

Pues sí, amiguete, no queda nadie en el edificio, y por haberte dejado el teléfono móvil encima de la mesa, te vas a pasar aquí las próximas 41 horas luchando contra la claustrofobia, verás que bien te lo pasas.


Esto, a mi amigo Carlos, que es muy previsor, jamás le hubiera pasado.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Gracias a mis dos salvadores a los que Dios guarde muchos años, no me pasé todo un fin de semana encerrado en un almacén lleno de humedades y previsibles calamidades. De todas maneras me pregunto a mi mismo. ¿Tan solitos estamos en esta vida que no hubo quien echara de menos a este hombre en dos días?

Max & Birrax dijo...

¡Hola, Carlos!

Pues ya lo ves, me temo que en este mundo tan comunicado hay muchas personas que no tienen ni con quien comunicar ni, lo que es peor, quien les eche en falta :(

¡Un abrazo!

Max & Birrax