Todo comenzó cuando una vecina del pueblo, María Gómez, se fijó en que en el suelo de la cocina de su casa apareció una mancha con la forma de un rostro humano. Tras comentarlo con sus vecinas como otra anécdota cualquiera, pidió a un albañil que la raspara y la tapara con una lechada de yeso pero, al cabo de cinco días, insistente, el rostro, aparentemente de un hombre con largos bigotes, volvió a aparecer. Junto a la anterior, nuevas faces empiezan a mostrarse.
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A la prensa se unen personajes conocidos en el ámbito de lo parapsicológico como Germán de Argumosa o Hans Bender, quien escribió un artículo en la revista Zeitschrift für Parapsychologie reivindicando la hipótesis paranormal.
Posteriormente, el CSIC realiza un nuevo análisis de las caras en el que se concluye que en dos muestras enviadas por el Padre Pilón, no se habían hallado restos de las sustancias antes citadas dado el pequeño tamaño de las mismas -entre 30 y 60 gramos-, aunque también advierte que desconocía el proceso para recogerlas, ya que fueron entregadas en sendos sobres.
En 1972, el diario Pueblo pliega velas y el fénomeno sufre una bajada de interés a todos los niveles, incluso el turístico, aunque vuelve a resurgir a raíz de la aparición de la revista Enigmas en la cual, el hoy famoso Iker Jiménez, entre otros, escriben sobre el tema.

María fallece en febrero de 2004 y, tras su muerte, Pedro Amorós, presidente de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP) intenta descubrir si habría más teleplastias en la casa en la que ella nació. Así surgieron las nuevas caras de Bélmez, aunque la forma de estas es más vaga, y su identificación como rostros humanos queda más supeditada a lo que cada cual quiera ver. De hecho, una de las manchas obtenidas por la SEIP, y que supuestamente representa a un hombre de perfil, tiene una semejanza apabullante con un gato de caricatura.
Pero, ¿cuáles son los argumentos de cada "bando"? Para los "creyentes", el origen de las caras está ligado a un antiguo cementerio medieval árabe del s. XIII descubierto en el subsuelo de la cocina de la casa. Otros aducen que la formación de las caras es un fenómeno ligado a una corriente de agua subterránea que discurre bajo el suelo de la casa, lo cual provoca que la humedad permita fijar las teleplastias de una forma más clara y precisa.
Los "incrédulos", aparte de en los análisis citados antes, también se basan en el uso que se hubiera podido hacer de productos químicos oxidantes como los ácidos nítrico, sulfúrico, clorhídrico, acético (vinagre) y otros.
En fin, como podéis comprobar, todo un ejemplo de división de opiniones. Y ahora... ¿os atrevéis a decir cuál es la vuestra?
Referencias: Wikipedia.

















El irresponsable de las majaderías que puedes ver en este pequeño engendro es el impresentable de la izquierda, se hace llamar Max Birrax y es mejor que no permanezcas mucho a su lado por si se te pega algo, que seguro no será nada bueno. Si por lo que fuera, te hiciera falta entrar en contacto con él, cosa que no te recomiendo en absoluto, puedes hacerlo a través de este 




















4 comentarios.
Yo es que para estas cosas soy como Santo Tomás, o lo veo con mis propios ojos o no me creo nada.
Pues yo soy peor que tú, Trooper, porque en casos como este no me basta ver para creer, debo tener mucha información en la mano de las dos partes para opinar y, a veces, aún así me cuesta.
¡Un saludo!
Pues toma información, Max Birrax:
http://circuloesceptico.org/Documentos/dossier/las-caras-de-Belmez.php
Si en lugar de información buscas desinformación también te puedo recomendar la revista Más Allá o el programa Cuarto Milenio. Tú verás.
Gracias por tu recomendación, Leónidas, no dudes que lo leeré.
Y muchas gracias también por tu visita y por tu comentario. Recibe un cordial saludo,
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