miércoles 6 de agosto de 2008

Todo lo que entra, sale.

Pues mire Vd. por donde, no estoy muy de acuerdo con esta frase. Me explico: yo era un chavalín -tendría 9 ó 10 años, como mucho-, y no se me ocurrió otra cosa mejor que meterme hasta el final del dedo un dedal de costurera. Lo que es entrar, entró bien, pero salir... no salía ni a tiros. Mi madre tuvo que meterme la mano en agua muy fría y, con jabón y paciencia terminó saliendo, pero de verdad que pasé un mal rato.

Y los amiguetes que podéis ver en este vídeo, tampoco lo han debido pasar mejor...

4 comentarios.

Isa opina que...

Pobrecitos algunos hasta clastofobia me da,es muy tentador meter los dedos en ahujeritos cuando eres pequeño,al igual que a tí le ha pasado a muchos niños,mi hijo una vez se le ocurrio meter el dedo en un tapon de boli y no veas para poderselo sacar.
Isa

Max Birrax opina que...

¡Hola, Isa!

Pues si te costó lo mismo que a mi madre sacarme el dichoso dedal -que se me olvidó indicar que, al ser de costurera, no tenía "culo", de ahí la dificultad- me supongo cómo lo pasásteis tu hijo y tú. :D

¡Un abrazo!

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