
Muchos de ellos eran huérfanos, pero otros provenían de familias que habían emigrado desde Europa en busca de la prometida tierra de leche y miel, o que se trasladaron del campo a la ciudad en plena Revolución Industrial en busca de un puesto de trabajo que no terminaban de encontrar, siendo abandonados a su suerte al no poder ser cuidados por sus padres.
En 1853, dos instituciones, la Children's Aid Society y la The New York Foundling Hospital, conscientes del problema que vivían estos niños, se plantean trasladarlos a diversos estados del medio y lejano oeste para ser entregados a familias que quisieran y pudieran hacerse cargo de ellos. El medio de transporte sería el tren, ya que el viaje era demasiado duro y peligroso para que los niños pudieran hacerlo a pie, en carro, o a lomos de una caballería.

Muchos de ellos no sabían o no entendían el motivo de ese viaje. Acompañados por cuidadoras durante el trayecto, antes de partir se les bañaba, vestía con ropa limpia y se les daban unas pequeñas normas de comportamiento para dar una buena impresión a sus futuros padres.
El primer tren partió el 20 de septiembre de 1854 con 46 niños y niñas de diez a doce años rumbo a Dowagiac, una pequeña población del estado de Michigan. Llegados a destino, se les trasladaba al centro del pueblo o ciudad y se les albergaba normalmente en una iglesia a la que acudirían las familias adoptantes para elegir al niño o niña que fuera de su preferencia, basada en unas ocasiones en su fortaleza, en otras por su apariencia, y en otras por su inteligencia y carácter.

Una de las partes más tristes de estas adopciones era cuando había que separar a dos o más hermanos, ya que sólo se permitía albergar a un niño en cada hogar. Si tenían suerte y eran acogidos en áreas limítrofes, podían seguir viéndose con mayor o menor dificultad, pero fueron numerosos los casos en los que, por la distancia, llegaron a perder la relación por siempre o hasta que fueron muy mayores, cuando a través de las asociaciones surgidas con el tiempo, volvieron a encontrarse.
Un total de entre 150.000 y 200.000 niños menores de 18 años fueron trasladados hasta el año 1930, cuando los viajes fueron suspendidos principalmente por dos motivos: el primero, la depresión económica que hizo que muchas familias no pudieran hacerse cargo de ellos, y el segundo, la creación de leyes y normas diseñadas específicamente para ayudar a la infancia, las cuales hacían más difíciles este tipo de adopciones y regularon las casas de acogida en detrimento de los hospicios.

En muchos casos los niños fueron muy queridos por sus nuevas familias, pero en otros fueron adoptados como simple mano de obra barata para trabajar tanto en el campo como en las casas. Sus futuros, como sucede en tan amplios colectivos, fueron muy diversos, desde los que llegaron a ser políticos relevantes, hasta los que no pudieron adaptarse y terminaron cayendo en la delincuencia.
Referencias: 1, 2, 3, 4, 5, 6.





















El irresponsable de las majaderías que puedes ver en este pequeño engendro es el impresentable de la izquierda, se hace llamar Max Birrax y es mejor que no permanezcas mucho a su lado por si se te pega algo, que seguro no será nada bueno. Si por lo que fuera, te hiciera falta entrar en contacto con él, cosa que no te recomiendo en absoluto, puedes hacerlo a través de este 



















10 comentarios.
pensar que esta historia que nos cuentas, continuó sucediendo en el tiempo hasta el día de hoy...quizás en condiciones más deplorables aún.
Mis besos Max!!!
Curiosa historia. Esto no se cuenta mucho en los libros verdad ?
Me recordó a los niños de la guerra que fueron a Moscú. :(
Pienso que, aún yendo a trabajar en unas condiciones durísimas, siempre sería mejor que morir de hambre entre ratas en la ciudad.
Lo de la crisis de 1930 es parecido a lo de ahora. A la hora de ahorrar, lo primero que se quita la gente es la "solidaridad". Nos aplicamos de narices aquello de que "La caridad bien entendida empieza por uno mismo" y así nos luce el pelo...
Qué historia!, exactamente la misma que mi padre con 9 años vivió, algún día te la contaré. Cuantos recuerdos.
Un abrazo amigo Max.
Una entrada muy triste, amigo.
èchele mas leña al fuego mi estimado... interesante informaciòn que llega en dìas muy nublado pa mi... y siento el corazòn acongojado.... yo amo viajar en tren desde que era pequeña ( de edad porque de estatura aun lo soy jojojoj) pero desde pequeña y hasta ahora (aunque la verdad hace tiempo no lo sueño) soñaba que me metiana un bagon de tren con gallinas y ahi andaba yo espantandomelas grrrrr eso era feoooooooooooooooooooooooooooooooo.... me ire a tristear a otro lado no sin antes mandarte un besoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo :D y decirte que aqui estuveeeeeeeeeeeee
qué pena!! siempre hay gente que se aprovecha de la debilidad y la necesidad de los demás para su provecho. Interesante historia.
un saludo
Queridos amigos, aunque esta entrada tiene su lado bueno, creo que a todos nos ha encogido un poco el alma, así que permitidme una vez más que no redunde en el tema, creo que no es necesario.
Danident, ya me contarás la historia de tu padre, si quieres, claro, me gustará oirla.
Alma Rosa, Danibai, se os echaba de menos.
Besos y abrazos a repartir, que si no, Saunero se queja. ;)
no me eche de menos que acà ando muaaaaaaaaaa quiereme y no me olvides ya sabes como somos las estrellas fugaces ;) jejeje muaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Nunca te olvidaremos, Alma Rosa, es imposible. Recibe un par de besos pero que muy grandes.
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