El fardo había llegado desde Londres, donde la plaga ya había diezmado a la población, y entre los pliegues se habían albergado un gran número de pulgas, transmisoras finales del mal y compañeras inseparables del hombre en aquel tiempo. El desafortunado sastre fue el primero en sufrir las picaduras de las recién llegadas y pocos días más tarde cayó gravemente enfermo con fiebre, dolores de cabeza e hinchazón de los ganglios linfáticos. Su piel se cubrió de llagas y cayó en el delirio. A la semana, había fallecido.

A finales de ese mismo mes, otros cinco vecinos habían muerto, y en los primeros días de octubre, cuatro más. Al llegar noviembre, la cifra alcanzaba los 23 óbitos. La peste estaba asentada.
Los tratamientos que había entonces para combatir la enfermedad eran totalmente ineficaces, los primeros síntomas eran presagio de una muerte segura y los aldeanos, aterrorizados, decidieron huir a otros lugares donde mantenerse a salvo. Pero esta lógica reacción podía provocar que la epidemia se extendiera a toda la comarca, por lo que, a pesar de sus diferencias en la fé, los clérigos del pueblo, William Mompesson -anglicano- y Thomas Stanley -puritano-, decidieron reunir a sus feligreses para proponerles varias medidas que contribuyeran a que esto no ocurriera: instaron a sus conciudadanos, y éstos aceptaron, a no marchar hasta que el azote remitiera, limitar las reuniones y el número de asistentes a ellas, cada familia tendría que responsabilizarse de enterrar a sus deudos y los servicios religiosos, en vez de en la iglesia, se oficiarían al aire libre, ya que se pensaba que los espacios cerrados favorecían la infección.
Eyam quedó aislado del mundo, se marcaron con piedras sus límites para que no fueran traspasados ni en un sentido ni en otro, los suministros de ropas y alimentos que llegaban del exterior se apilaban sobre los mojones y, para pagarlos, se dejaban monedas desinfectadas con vinagre para que aquel que las recogiera no se contagiara.

A finales de agosto de 1666, dos tercios de la población había fallecido. En noviembre de ese mismo año, las muertes cesaron. De los 350 habitantes, tan sólo sobrevivieron 90, entre ellos los dos clérigos que habían conseguido mantener a la población en una larga y estricta cuarentena. Mompesson dejó escrito:
Ahora, bendito sea Dios, nuestros miedos han desaparecido, nadie ha muerto desde el 11 de octubre y la plaga ha desaparecido de los hogares.
Casi tres siglos y medio después de que la peste llegara a Eyam, es imposible caminar por la calle principal sin que se recuerde este terrible episodio de su historia; en cada calle, en cada casa, una placa indica los nombres de los que murieron allí, en la iglesia reposan los restos de las primeras víctimas y muchas de las fosas comunes aún son visibles.

Puede ser que las restricciones implantadas aumentaran la mortandad en Eyam, pero lo que sí es cierto es que, gracias al sacrificio de sus habitantes, la enfermedad no se expandió por los alrededores.
Referencias: 1, 2, 3, 4, 5, 6.











El irresponsable de todo lo que puedes leer aquí es este tipejo de la izquierda, se hace llamar Max Birrax y es mejor que no estés mucho tiempo a su lado por si se te pega algo, que seguro no será nada bueno. Si por lo que fuera, te hiciera falta entrar en contacto con él, cosa que no te recomiendo en absoluto, puedes hacerlo a través de este




















20 comentarios.
Hola! Que interesante el artículo! se aprende algo cada día! Un saludo!
Me necantan tus repor.-articulos. Son fascinantes y educativos. Y estos mas morbosillos ( muerte y demás) son mis favoritos.
Besos y sigue aleccionandonos,ejeje
Ufff que sustoooo. Como escarpias tengo el cuerpo enterito
Interesante entrada. Que miedo debía de dar cuando alguien conocido con el que te habías relacionado caía enfermo, mucha voluntad pusieron todos para no salir corriendo.:)
Muy interesante como siempre.
Un abrazo.
wau! que fuerza de voluntad que tuvo esa gente!Probablemente si pasara aca (Arg), terminariamos desparamandonos como moscas :I,esta gente tuvo la capacidad de hacer lo correcto por el bien comun,aun que murieran en el acto...IMPRESIONANTE!
Bueno,saludos desde el otro lado del charquito,
Facundo :)
A eso se le llama "espíritu de sacrificio".
Una vez mas, en los momentos mas difíciles, hay gente que se olvida de las diferencias (anglicanos y puritanos) por el bien común.
No creo que haya muchos lugares en el mundo donde sus habitantes fuesen capaces de un sacrificio así.
Que pena que estas cosas no aparezcan en los libros de historia "normales".
Hola a todos
Todos los días aprendemos algo nuevo gracias a ti, Max.
Alucinada me he quedado al ver que la gente se quedó en el pueblo, respetó las normas establecidas por los dos sacerdotes. Caray, tuvo que ser durísimo y lo llevaron a cabo. Desde aquí y ahora mi enhorabuena aunque sea casi cuatro siglos más tarde. En 2010, dudo mucho que la gente tuviera el mismo comportamiento y acabaríamos todos afectados.
Besotes sanos.
¡Hola, Bellotita!
Afortunadamente, así es, todos los días podemos aprender algo nuevo, es algo maravilloso, un don que se nos ha dado a las personas que no debemos dejar de lado.
Muchas gracias por tu visita, y bienvenida a este pequeño engendro. Recibe un cordial saludo,
¡Hola, Ana!
:D :D :D Muchas gracias, aunque tienes razón, llevo una temporada que esto parece una sucursal de El Caso. :D :D :D
¡Besos!
¡Hola, Saunero!
:D :D :D Ya será menos, sagerao... :D :D :D
¡Un abrazo!
¡Hola, EriKa!
La verdad es que debió ser una situación angustiosa, ver como iban muriendo uno detrás de otro y, sin embargo, tener la suficiente conciencia como para cumplir con tu palabra y no salir corriendo del pueblo a toda mecha. Unas personas admirables todas ellas, sin duda.
Bienvenida a este pequeño engendro, espero volver a verte pronto por aquí. Recibe un cordial saludo,
¡Hola, Danident!
Muchas gracias, amigo mío, me alegra saber que te ha gustado.
¡Un abrazo!
¡Hola, Facundo!
Unos auténticos valientes, sí señor, y si te sirve de consuelo, pienso que por aquí tampoco obraríamos de forma tan heróica a como lo hicieron ellos. Cosas de la vida...
Se te echaba de menos, amigo. Recibe un fuerte abrazo desde este lado. ;)
¡Hola, Roberpf!
También se le puede llamar conciencia, solidaridad, amor, todas las cosas que cada vez menos, hay en este mundo en que nos toca vivir. :(
¡Un abrazo!
¡Hola, Moisés!
¿Para qué enseñar estas cosas en los libros de Historia? ¿Y si los niños lo aprenden? :(
¡Un abrazo!
¡Hola, Mandalas!
Efectivamente, como bien dices, a pesar del tiempo transcurrido, no podemos por menos que admirar a todas esas personas y aprender siquiera un poquito de ellos.
¿Dudas mucho? Yo más... :(
¡Besos!
sabias que hasta dia de hoy se investiga en el pueblo, ya que los decendientes de aquellos que sobrevivieron portan los aniticuerpos a la peste, hace poco hecharon una documental sobre ello en el dsicovery
Gran artículo, yo mismo estuve en Eyam en 2006 por una excursión de la Universidad (estudié en Northampton), pero mi inglés todavía no era lo suficientemente bueno como para enterarme de la historia que nos contaron... pero cuando tuve un ordenador delante indagué y quedé fascinado. Ahora quiero volver allí, para poder disfrutar mi estancia más plenamente.
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