No le está permitido suicidarse. Su misión puede durar tres años, cinco años, pero pase lo que pase, volveremos a recogerle. Hasta entonces, siempre que usted tenga un soldado a su cargo será su líder. Bajo ninguna circunstancia puede quitarse la vida.
Con estas palabras pronunciadas por su oficial superior, el teniente Hiroo Onoda era despedido en diciembre de 1944 antes de partir hacia la isla filipina de Lubang como responsable de un comando especial perteneciente al Servicio de Inteligencia del Ejército Imperial japonés. La misión que se le encomendó fue resistir la avanzada del ejército de los EE.UU. mediante la guerra de guerrillas, pero lo que nunca pudo sospechar es que permanecería en combate durante más de 30 años.

El destino quiso que la isla fuera tomada al poco tiempo de arribar a ella y la mayoría de los miembros de su unidad abatidos, excepto el propio Onoda y tres soldados más, con los que se internó en la jungla dispuestos a resistir el tiempo que fuera necesario. Las órdenes que recibió eran claras: jamás debería rendirse, y aunque la primera noticia que tuvo sobre el fin de la guerra fue en octubre de 1945 en un panfleto que encontró, su estricto sentido del deber le impidió entregarse al enemigo.
El grupo sobrevivía gracias a la poca fruta que recolectaban, a algún animal que conseguían cazar intentando no hacerse notar y, sobre todo, cambiando muy frecuentemente la ubicación de su campamento para no ser detectados. A finales de ese mismo año, cientos de octavillas redactadas por el general Tomoyuki Yamashita fueron arrojadas por las fuerzas aliadas desde el aire. En ellas se podía leer que el grupo guerrillero estaba autorizado a deponer las armas, pero ante la imposibilidad de comprobar la veracidad de lo escrito, Osono decidió continuar la lucha.
Sin embargo, el hallazgo de esas hojas calaron en el pensamiento de Yuichi Akatsu, uno de los integrantes del grupo que se separó del resto en septiembre de 1949 y terminó entregándose el año 1950. Este hecho creó un problema de seguridad de los que habían quedado, lo que provocó que se hicieran más y más huidizos.

El año 1952 se llevó a cabo otro intento de localizar al comando, para lo cual se lanzaron, también desde el aire, cartas y fotos de sus familiares instándoles a rendirse, pero los tres soldados llegaron a la conclusión de que todo se trataba de un engaño. En el 1953 Shoichi Shimada fue herido en un pierna durante un tiroteo con un grupo de pescadores locales, y el 7 de mayo de 1954 resultó muerto en un enfrentamiento con policías que continuaban buscándoles.
El 19 de octubre de 1972, Kinshichi Kozuka caía abatido mientras quemaba, en una acción de sabotaje, el arroz recolectado por los agricultores de la zona. Onoda quedó solo desde ese momento, y así permaneció hasta el 1974 cuando, Norio Suzuki, un joven universitario japonés que había abandonado los estudios para "encontrar al teniente Onoda, un panda, y el abominable hombre de las nieves, en ese orden", recaló en la isla consiguiendo encontrar al cabo de poco tiempo al teniente y entablar amistad con él. Tras esto, la intención de Suzuki era volver junto con Onoda a su país, pero este último se mantenía en sus trece: no se rendiría mientras no recibiera la orden directamente de un superior.
Suzuki volvió a Japón con fotografías de él mismo junto con Onoda como prueba de su encuentro, y el gobierno japonés reaccionó rápidamente al localizar al comandante Taniguchi, el oficial que había dado a Onoda la orden de resistir pasara lo que pasara. Desplazado a Lubang, Taniguchi comunicó el 9 de marzo 1974 a Onoda el fin de la guerra casi treinta años antes y le ordenó entregar las armas. Ahora sí, Onoda aceptó la orden, y entregó a su superior, junto con su uniforme, su sable, su fusil tipo arisaka, casi 500 balas y varias granadas de mano.

De regreso a su país, Onoda se sentía desplazado, no comprendía que muchas tradiciones hubieran desaparecido, y aunque llegó a escribir un libro sobre su vida en la selva y fue candidato a la Dieta, en abril de 1975 siguió los pasos de su hermano mayor Tadao y emigró a Brasil, donde se dedicó a la cría de ganado. Sin embargo, tras tener noticia de un adolescente que había asesinado a sus padres en el 1980, regresó de nuevo a Japón el año 1984 para fundar el Onoda Shizen Juku, un campamento para jóvenes con distintas sedes en el país.
Aunque se prometió no volver, Onoda retornó a Lubang el año 1996, donó 10.000 dólares a la escuela local y llegó a encontrarse con uno de los hombres con los que se enfrentó en aquellos años. Y a pesar de que llegó a matar a una treintena de habitantes de la isla filipina y participó en varios tiroteos con la policía local, las circunstancias que le rodearon fueron tenidas en consideración y Onoda alcanzó el perdón del presidente Ferdinand Marcos.
Actualmente, la vida de Onoda transcurre apaciblemente entre Japón y Brasil.
Referencias: 1, 2, 3, 4.











El irresponsable de todo lo que puedes leer aquí es este tipejo de la izquierda, se hace llamar Max Birrax y es mejor que no estés mucho tiempo a su lado por si se te pega algo, que seguro no será nada bueno. Si por lo que fuera, te hiciera falta entrar en contacto con él, cosa que no te recomiendo en absoluto, puedes hacerlo a través de este




















24 comentarios.
A esto se le llama tener un sentido del deber mas allá de lo razonable ¿no?
Desde luego otra cosa no sé pero obediente este tío era un rato...
Señor, si señor!! Son como nuestros políticos que cumplen al pie de la letra los pedidos del pueblo. Un poco exagerado, pero a eso se le llama cumplir una orden.
Un abrazo Max y que alegría volver a leer tus intersantes noticias.
Hola!siempre te leo,pero nunca escribo.Esta vez sin embargo,me senti tocada pues lei el libro de Hiroo Onoda siendo casi una niña y recuerdo que pense"que tipo idiota".Luego de 35 años,me pregunto otra vez:era un idiota o tenia un sentido del deber para nosotros como occidentales y civiles no podemos comprender?Sera que somos tan individualistas y eso nos impide ver mas alla?o sera que el nivel de dogmatismo de Onoda supera los limites racionales?Sigo con la duda pues...
Buenisimo tu blog!! Nara
Brutal la historia. Eso es llevar al límite sus órdenes.
Para lo bueno y para lo malo, el honor, el deber y la disciplina eran los puntales del ejército japonés (propios de una sociedad inspirada en los señores medievales).
Sí no fuera por lo trágico de la situación, la verdad es que parece un chiste digno de José Mota "Tú tira, que luego ya... ya vendremos"
Bromas a parte... los japoneses son como de otro mundo. Dudo sí cualquier otro soldado habría seguido esas instrucciones tan al pie de la letra.
Vamos que si no va su superior a sacarlo de allí todavía está dando tiros en la selva... eso si es lealtad, extrema... pero lealtad.
Llegué.:)
Hola a todos
He borrado el anterior comentario porque no había terminado de escribirlo y por error le he dado a enviar.
Jjajaaja Danident, me ha gustado lo que has dicho.
Impresionante historia de este hombre. Desde luego nuestros valores en occidente no son tan fuertes como en Japón, aunque tal vez, en el Japón actual tampoco se daría el mismo caso.
Me arrestarían por desleal pero dudo que pudiera cumplir como él, 30 años siendo soldado. Pregunta al aire, ¿además de leal que le honra, este hombre tenía algo de cabezota, no?
Besotes llenos de arigato.
¡Hola, Roberpf!
Una manera distinta de entender las cosas, qué duda cabe.
¡Un abrazo!
¡Hola, Danident!
Que digas que "nuestros políticos que cumplen al pie de la letra los pedidos del pueblo" me preocupa, creo que deberías hacértelo ver. :D
Una alegría para mí poder estar con vosotros un día más. ¡Un abrazo!
¡Hola, Nara!
Particularmente, no creo que sea un idiota, sino una persona que ha seguido una educación y unas costumbres muy estrictas que, además, están enlazadas con el honor, algo muy difícil de comprender para nuestra civilización.
Me alegra saber que te gusta el blog, y espero que el día que te aburra me lo digas con la misma confianza, porque te lo agradeceré igual.
¡Saluditos!
¡Hola, morri!
A un límite que, creo, nosotros no llegaríamos ni de lejos.
Sé bienvenido a este pequeño engendro, y que sepas que a pesar del tiempo que ha pasado, todavía me parto de la risa cuando me acuerdo de tu historia sobre los hoygan --> http://elmundoestaloco.blogspot.com/2008/09/el-fenmeno-hoygan.html
Recibe un cordial saludo,
¡Hola, Javier!
Efectivamente, tanto para lo bueno como para lo malo, particularmente creo que tampoco es bueno llevar las cosas al extremo, pero para eso cada uno es libre de pensar como quiera -afortunadamente-.
¡Un abrazo!
¡Hola, Darnos!
A tí, no sé, pero a mí me tocó hacer la mili, y te aseguro que ni harto de sopa hubiera aguantado tanto. :D
Pero está claro que son culturas y maneras de pensar totalmente distintas, como dice Javier, tanto para lo bueno como para lo malo.
¡Un abrazo!
¡Hola, EriKa!
Una lealtad a prueba de bombas, y una forma de pensar fuera de nuestra comprensión como para vivir tantísimos años de esa manera. Los japoneses son únicos, he de confesar que es un pueblo que admiro.
¡Besos!
¡Hola, Mandalas!
Pues fíjate, que yo creo que cabezota no era; bajo mi punto de vista, lo único que tenía era una serie de conceptos morales y sobre el honor que creo que nosotros jamás alcanzaremos -creo que por suerte-.
Por mi parte, te puedo asegurar que no aguantaría treinta años en esa situación, qué le vamos a hacer... :(
¡Besos!
Por actitudes como esas es por lo que una y otra vez consiguen sorprender a medio mundo, renaciendo como país y amoldándose al tiempo. Tienen una visión mucho menos egoísta de la vida.
Yo soy un hombre común y desea publicar mis cartas, además de mi casa.
Yo no hablo español, pero voy a utilizar los recursos de traducción para la comunicación con usted.
Tengo poemas, cuentos y ensayos.
Le pido que lea uno, sólo uno.
Y si usted lee dice algo distinto, como quieras (sonrisa).
Un saludo y mis mejores deseos: Jefhcardoso
¡Hola, Moisés!
No sé qué decirte, que sea uno de los países con mayor número de suicidios, también dice mucho de ellos, y que conste que es un pueblo al que admiro.
¡Un abrazo!
¡Hola, jefhcardoso!
Hoy se me hace un poco tarde, pero mañana visitaré tu blog sin falta, te lo prometo.
Sé bienvenido y recibe un muy cordial saludo,
[…]No le está permitido suicidarse. Su misión puede durar tres años, cinco años, pero pase lo que pase, volveremos a recogerle. Hasta entonces, siempre que usted tenga un soldado a su cargo será su líder. Bajo ninguna circunstancia puede quitarse la vida […] /necronomicón.net
Había oído de este soldado, pero no sabía los detalles, que me han resultado más impactantes aún. Coincido en que está lejos de nuestro entender occidental la lealtad y honor que manejan en Japón; que no estaría mal un poco para nuestras queridas naciones occidentales, especialmente en iberoamérica.
¡Hola, aguz22!
Supongo que no te servirá de consuelo, pero te diré que a este lado del charco también hace falta un poco más de disciplina a todos los niveles. :(
¡Un abrazo!
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